Queridos amigos y amigas:
Estamos viviendo días muy difíciles y complicados, absolutamente insospechables hace tres meses, una situación surrealista, que parece más bien una pesadilla, causada por este enemigo silencioso, oculto, que no sabemos dónde está, entre otras cosas porque son muchos sus portadores sin saberlo.

Según un científico italiano, España, representada por este gobierno socialista, ha cometido dos gravísimos errores, como en Lombardía; primero, no haber recomendado a todos los ciudadanos utilizar guantes y mascarillas de forma masiva para prevenir posibles contagios, y segundo, no haber hecho test a toda la población, o por lo menos a los ciudadanos de aquellas poblaciones con mayor riesgo, de forma que se pudiera detectar a las personas asintomáticas pero portadores del virus, como se ha hecho en otros países, evitando este brutal contagio.

Todos nos hacemos estas preguntas; ¿Quién tiene la culpa de la aparición de este virus? ¿De dónde ha salido? ¿Cómo se ha propagado con tanta velocidad en todo el mundo, principalmente en Europa, después de China? Son preguntas para las que de momento no tenemos respuesta, quizás más adelante lo sepamos. Es evidente que los ciudadanos de a pie, como yo, pensamos que no se han tomado las medidas adecuadas, que no se le ha dado a este virus, tan peligroso y letal, la importancia que requería.

Ya habrá tiempo, cuando pase esta pandemia, de pedir responsabilidades a quienes nos dirigen y gobiernan, examinar las decisiones y medidas que tomaron, dejándose quizás llevar no pocas veces por sus propios intereses. Ahora es tiempo de estar más que nunca unidos frente a este enemigo común, animando, alentando, dando esperanza, seguros de que esta situación va a pasar, y convencidos de que la ciencia, la medicina y los profesionales que la componen están haciendo todo lo que pueden, trabajando hasta la extenuación, en muchos casos sin medios suficientes.

Vaya por delante mi reconocimiento, aplauso, solidaridad, consideración a todos los profesionales de la sanidad, que están dando su vida por salvar otras vidas. Igualmente a todas las fuerzas de orden público que hacen posible mantener el orden, ayudar en todas las tareas que les son requeridas, para que todos los ciudadanos cumplamos las normas, evitando así contagios innecesarios.

Esta sociedad contemporánea en la que vivimos se apoya en tres principios o fuerzas fundamentales, a saber, el poder político, el dinero, y el bienestar, principios o fuerzas verdaderamente constitutivos del ordenamiento de nuestra civilización occidental, que ha llegado a un grado de secularización muy importante, lo que se traduce en vivir de espaldas a Dios, renegando de sus propias raíces cristianas.

Pues bien, ha llegado esta pandemia, causada por el llamado Covid-19, como si de una plaga del Egipto bíblico se tratara, y ha puesto al mundo patas arriba. Ha tenido, a causa del confinamiento prolongado, el poder de condicionar nuestra convivencia familiar, las relaciones sociales, nuestras empresas, la economía en general, produciendo el mayor estrago y muerte desde la Guerra Civil. Es una incógnita cómo va a ser el día después, indudablemente lo más importante y prioritario ahora es preservar nuestras vidas.

Estamos ante un momento de transformación social que marcará un antes y un después. Por supuesto que vamos a seguir viviendo como hasta ahora, posiblemente…, pero prestaremos más atención a determinadas cuestiones y actitudes que antes se pasaban un poco por alto. El lado positivo de este confinamiento es que nos ha llevado a vivir las relaciones familiares de forma mucho más intensa, disfrutando de nuestros seres queridos como no lo hacíamos desde hace mucho tiempo, compartiendo lecturas, charlas, tertulias, emociones, tristezas, alegrías y, sobre todo, oración, porque hemos tenido mucho tiempo para rezar, confortando nuestro espíritu frente a esta adversidad, frente a tanto sufrimiento de amigos y seres queridos que YA NO ESTÁN CON NOSOTROS, PERO SÍ EN NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRO RECUERDO.

En este tiempo tan difícil, hay un pasaje de la Escritura que a mí me está sosteniendo como creyente. Me refiero al Evangelio de San Juan, capítulo 11, donde se nos narra la resurrección de Lázaro. Marta y María, sus hermanas, esperan a Jesús, y cuando llega le reprochan no haber estado allí antes para evitar la muerte de su hermano. El Señor les da una respuesta maravillosa que llena de sentido el sufrimiento y la muerte: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA, EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE MUERA, VIVIRÁ”. Y acto seguido, resucita a Lázaro.

LUIS ALEGRÍA

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*ALEGRÍA PELUQUEROS*
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